One Deep Breath

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One Deep Breath

Eros e thanatos. One deep breath, un respiro profondo. Forse è quello che ci vorrebbe a Maël per superare il suicidio del suo compagno Adam, tragico evento che, oltre al dolore, lo ha prostrato anche fisicamente. A pesare sull’uomo i dubbi su quell’ultimo, disperato gesto con cui Adam ha messo fine, oltre che alla sua vita, ad un rapporto da sempre travagliato. Quando poi scopre che il suo compagno aveva una relazione parallela con Patricia, il lutto diventa rabbia: scava nei ricordi, si appella alla memoria, s’incontra con la rivale. Ma la donna si troverà a fronteggiare pericoli inaspettati. Melò dai toni claustrofobici, narrazione destrutturata e molto evocativa raccontata da un regista sudafricano 34enne, Antony Hickling che conferma il suo talento visionario e una capacità di assumere uno sguardo originale all’interno del cinema queer. Tutti gli interpreti del film sono rigorosamente gay e transgender, compreso Manuel Blanc, ex musa di Andrè Techinè. (TGLFF)

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trailer: One Deep Breath

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Maël tries hard to cope with his partner Adam’s suicide as well as their troubled past together. Patricia, also one of Adam’s lovers, gets herself into danger in her attempt to help Maël in his grief.

CRITICA:

One Deep Breath, coescrita con el director alemán Andre Schneider, cuenta la historia de una pareja. De su amor y cómo se ve afectado después de la muerte de uno. Adam (Thomas Laroppe) acaba de morir y dejo a Maël solo, triste en el apartamento que compartían. Esta película nos retrata lo que pasó alrededor de su muerte y confronta a los dos personajes, exponiendo el punto de vista de cada uno y las consecuencias que deja el suicidio.
Hay un dolor físico que viene con la muerte de alguien que se quiere. Y en este caso se ve en diferentes escenas del filme que muestran al personaje principal de Maël sufriendo, viviendo la muerte de su pareja, con consecuencias en su propia existencia, su propia carne. En las escenas simbólicas de la bañera o cuando se pega de los pies de su novio, mientras arrastra su cuerpo por el piso, Maël pasa por el dolor. No sabe cómo afrontar el mañana.
Adam, el (ex)novio de Maël le hace mal, pero él no se da cuenta o no lo siente. Lo vemos habitando esta casa vacía, sin el otro y él con una actitud casi de zombie que no lo deja continuar con el presente. Vamos atrás y adelante en la cronología que nos cuenta los detalles de la decisión de Adam, los personajes en la vida de él en ese instante y por lo que pasaba junto a su pareja.
Una vez más, Hickling nos presenta una producción digna de las tablas de teatro con pasaje crudos y duros para un espectador desprevenido. Todo esto acompañado de unas lineas románticas y poéticas sobre el amor, sobre el otro, sobre la soledad y las relaciones de parejas.
En la realización se ven esos elementos que hacen de Hickling un personaje tan peculiar y único en su género. Además, hay que amar a Manuel Blanc, un actor poderoso, multifacético y dispuesto a hacer todo lo que a Hickling se le ocurra. Lo vemos desnudo, maquillado, golpeado, dramático. Simplemente INCREIBLE.
El resto del elenco, también se ve tan entregado que inspira. Es un proyecto que sale del coraje y las ganas de hacer arte, y esto es lo más valioso que sale de la experiencia de tanto talento.
Hay detalles que no quedan muy bien contados, como cambios de tiempo que no se logran del todo. Le toca a uno adivinar y autoconcluir los saltos temporales que el director realiza sin nada de aviso.
El cine de Hickling no es convencional. No se puede apreciar con los mismos criterios de una película tradicional. Hay que entrar en el mundo que ha generado este artista y vivir lo que pasa por la cabeza de cada uno de sus personajes. Es por eso que empezar a ver sus creaciones primeras, como los cortos de Birth o incluso su primer largometraje Little Gay Boy puede ser toda una experiencia sensorial y hasta confusa. Aun así, llegando a tiempos de PD, creado justo después de One Deep Breath, se siente que hay otro nivel.
Sin embargo, mientras más nos adentramos en este universo de sexo, rareza, sentimientos oscuros y mucha vivencia personal, todo esto con un toque indudable del teatro, más lo entendemos y lo disfrutamos.
Saboreamos el simbolismo que nos pone en cada escena, las capas de complejidad de sus personajes y la cantidad de cosas a descubrir de sus vivencias. El cine de Hickling no es de superficies, sino que escarba lo más interno de él mismo, de sus actores y de sus historias.
One Deep Breath se convierte en el proyecto más complejo de este director, pues muestra una madurez interesante y es un primer acercamiento acertado a lo que puede ser una historia para un gran público, que es la idea de su siguiente largometraje. Solo hay que esperar a que mantenga esa esencia que encanta y que incomoda, porque es lo que lo diferencia y lo hace único en lo que realiza. VOTO: 4/5 (cinebaguette.com)

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